Cuando faltan tres días para que en Venezuela ocurra el posible "acto oficial de graduación" del régimen de Maduro como un Estado totalitario, -similar al de la Alemania nazi, la Italia fascista, la Camboya de los Jemeres Rojos- la Cancillería rusa ha venido interviniendo cada vez más a menudo en la crisis de gobernabilidad que atraviesa el país.

El pasado 14 de julio, la portavoz María Zajárova dijo: "Esta señal inequívoca -la casa por cárcel de Leopoldo López- de la disposición al compromiso [del régimen de Maduro] debería conducir a un gesto de respuesta por parte de la oposición que, lamentablemente, no se ha producido hasta el momento". Además, agregó que "Rusia no quiere que los acontecimientos en Venezuela den lugar a un conflicto incontrolable y no ve alternativa al diálogo de paz como la única forma de estabilizar la situación en el país".

Una semana más tarde, dos días después de la amenaza de Donald Trump de aplicar sanciones económicas "fuertes y pronta" al régimen de Nicolás Maduro, el vice-portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Artiom Kozhin, indicó que Rusia se pronuncia por "la resolución del conflicto interno por medios políticos en el marco de la ley y sin injerencias extranjeras". A la vez, instó a la comunidad internacional a ayudar a Venezuela en vez de imponer sanciones en su contra, y advirtió a la oposición venezolana de las graves consecuencias de crear sistemas de gestión paralelos, como fue el nombramiento por parte del Parlamento de jueces de la Corte Suprema.

La "reanudación del diálogo dentro de Venezuela" es para Putin el mecanismo de "resolución de conflictos", mientras que Trump ha señalado que son las "elecciones libres y justas".

El periodista Andrés Oppenheimer propone cuatro posibles escenarios a la crisis política venezolana. El último, lo denomina el escenario Libia o Siria. En Siria, Rusia ha jugado un papel determinante para sostener el régimen de Bashar al-Assad.

George Friedman, presidente y fundador de Geopolitical Futures, publicó un reciente ensayo que titula "La Estrategia de Rusia: Construir sobre la Ilusión", en el cual sostiene que la política exterior de Putin obedece al restablecimiento de la grandeza de la Unión Soviética, a pesar de carecer de la fortaleza económica.

Friedman argumenta que, ante este dilema, Rusia decidió actuar en el caso de Siria para demostrar su poderío militar como potencia mundial. Aunque la intervención allí no sirvió a los intereses estratégicos rusos, en realidad, la intervención rusa fue para demostrar que podían estar "de tú a tú" con los Estados Unidos.

Para Rusia la intervención tenía poco sentido desde un punto de vista estratégico, aunque desde el punto de vista psicológico si tenía sentido. Las fuerzas que envió Putin fueron limitadas, y aunque pueden haber impedido la caída de Assad, ahora están tan atascadas como los estadounidenses, incapaces de ganar la guerra, y no pueden salir del conflicto. Esta situación ha hecho de Putin un jugador en tablero mundial para la solución en Siria, que hasta ese momento no tenía incidencia.

En Venezuela, la perspectiva rusa ante la grave crisis política es comercial. La empresa petrolera Rosneft tiene contratos con la estatal petrolera PDVSA por un valor de $8 mil millones aproximadamente, y en ventas de armas de guerra alcanza los $5 mil millones (2005-2017).

Además, hay que resaltar que el régimen de Nicolás Maduro no canceló la deuda de $954 millones el pasado mes de junio, lo que impactó en el presupuesto del gobierno ruso este año, por lo que el régimen de Maduro no cuenta con un aliado en Rusia como si lo hubiese sido en la época de "la guerra fría". Son los intereses comerciales los que unen la relación Rusia-Venezuela a pesar de que Maduro intente "construir una ilusión" de aliado al mejor estilo soviético.

Hace dos semanas, la empresa de inteligencia Stratfor señaló en su informe sobre Venezuela que los intereses políticos de Rusia y Estados Unidos se cruzan en Venezuela, y que ambos gobiernos quieren la estabilidad política en el país, aunque por diferentes razones. Estados Unidos busca evitar una escalada de violencia, y los rusos quieren proteger las inversiones petroleras y el reembolso de los préstamos otorgados para la adquisición de "los juguetes" de guerra.

Maduro se la juega con las elecciones de la Asamblea Constituyente este domingo 30 de julio, contando con grandes aliados internacionales que no tiene, como es Rusia. Construir su fortaleza sobre ilusiones o lealtades revolucionarias del pasado es una "ruleta rusa", porque Putin busca asegurar su dinero invertido y prestado al país. Lo demás es puro cuento.



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