Todos los estudios de opinión pública coinciden que el gobierno de Nicolás Maduro transita por el peor momento desde que asumió el poder en el 2013, así mismo, que es el responsable de la actual crisis social y económica de Venezuela, lo que se refleja en el rechazo a su gestión, alcanzando una aprobación del 20 % -el nivel más bajo para un presidente desde que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) asumió el poder. La gran escasez de comida y medicinas, los precios exorbitantes de los productos básicos, la delincuencia y el desempleo hacen insoportable el diario vivir y crean condiciones para la ingobernabilidad.

Hace 14 años la sociedad venezolana vivió un momento similar cuando Chávez tuvo que renunciar en el mes de Abril. En ese momento, contaba con una aprobación de gestión baja, del 33% -mayor a la de Maduro en este momento- y la causa principal para tal rechazo era el desempleo. En aquel entonces, como ocurre hoy, los venezolanos señalaban al presidente de la República como el responsable de la crisis de gobernabilidad del país.

La combinación de los factores en el 2002 y en el 2016 es la misma. La aprobación de gestión es baja -en caso de Maduro 13 puntos menos-, existe una crisis de gobernabilidad y hay un único responsable, el presidente de la República. Es una combinación auto-desestabilizadora para la acción de gobernar.

En el 2002-03, la legitimidad para continuar gobernando se resolvió con la celebración del referéndum revocatorio presidencial el 15 de agosto de 2004, porque "Toda solución de crisis institucional se resuelve en la legitimidad que otorga el pueblo. Toda polarización de la dirigencia política, que induzca a una crisis, hace necesario consultar a la gente". [Luis Almagro, Carta Democrática].

En cambio, en el 2016 Maduro mantiene una línea obstinada en seguir gobernando sin consultar al pueblo, ante una situación auto-desestabilizadora similar a la del 2002. Como lo señaló Felipe González en Unión Radio el pasado lunes "Si queremos mantener el poder civil, que es el único representativo, tiene que haber elecciones de acuerdo con los plazos previstos, debe respetarse el revocatorio y no alargar los plazos y poner en libertad a los presos políticos. Si Maduro no quiere es que no quiere diálogo" para salir de la crisis de gobernabilidad sino para seguir en el poder ejecutivo.

Porque el riesgo de seguir corriendo la arruga genera condiciones para que el ala fundamentalista, cívico-militar, del chavismo busque enquistarse en el poder. Y como en el 2002, cuando el sector militar no chavista obligó a Chávez a renunciar, el sector militar chavista podría hacer lo mismo en esta ocasión. Porque sabe que seguir sosteniendo a Maduro en el poder significa quedarse sin el mismo, y tiene un costo muy alto. Catorce años administrando los recursos de la nación los hacen responsable de la crisis social y económica del país.

Lucas Rincón Romero, quien anunció la renuncia de Chávez el 11 de abril de 2002, era el oficial de mayor rango para ese momento. Así mismo, lo es hoy el General Padrino López quien ha logrado fortalecerse en ciertos sectores y tiene un avance mínimo de poder después de la ratificación como Ministro de la Defensa y responsable de la Gran Misión Abastecimiento. Además, el sector militar comprometido con el legado de Chávez, de la vieja escuela, considera que Maduro ha acabado con la herencia del Comandante eterno.

Si la Oposición logra motivar a las mayorías a la acción directa no-violenta el 1 de septiembre, el ala militar del chavismo consideraría oportuno la renuncia de Maduro, y en un eventual gobierno de transición lograr con la Oposición una salida negociada, por lo que estarían considerando la salida de Nicolás Maduro antes de la concentración del 1S, porque quieren soluciones inmediatas, y con Maduro en el poder no lo lograrán.

Estos 7 meses han conducido al país al despeñadero. En todos los indicadores económicos y sociales, la gestión de Maduro se ubica entre los últimos lugares a nivel mundial.

Los riesgos a corto plazo son la anarquía social y la atomización del poder de mando.

Y para rematar, el significante de la fotografía de los 90 años de Fidel Castro con Maduro y Cilia sentados a su izquierda, en el evento central de la celebración de su aniversario expresa que la solución de la crisis en Venezuela debería contar con el visto bueno de la Isla, porque además forma parte de la estrategia de la salida de Maduro.

Seguir corriendo la arruga por parte de Maduro abre la puerta de la desobediencia civil que podrá ser usada por el ala militar chavista para sacarlo y negociar su supervivencia. Al igual que sería utilizada por los hermanos Castro para asegurar los envíos de petróleo a la refinería de Cienfuegos en Cuba.



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